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El Plan de Lectura en el Evita tuvo una narradora especial

El viernes helado invitaba más a una siesta reparadora que deambular por la ciudad, sin embargo, el habitual viaje descubriendo lugares, advirtiendo personajes en cada esquina y recordando anécdotas, disipó el frío y la calidez de la gente de la Capilla Ntra. Señora del Rosario dándonos la bienvenida hizo el resto.

Era nuestro segundo encuentro lector en la barriada del Evita. La inmensa capilla se levanta detrás de un portal, al que nos invitan a dejar los autos.
Los preparativos se suceden a medida que los niños llegan.
Una mamá con su bebé en brazos y otra de la mano se ubicó en primera fila. Los niñitos más atrás se reían de alguna travesura.

La magia lectora se encendió, las páginas se volvieron voz y el encanto de la palabra bien dicha se posó e ese portal de la Capilla para sumirnos otra vez en la fantasía de una historia bien contada.
Pedían más cuentos los chicos, pese a que el viento sur iba y venía entre la mesa adornada de libros y sus sillas plásticas que usaban de mecedoras.
Hasta que una de las lectoras los invitó a leer y lo infrecuente volvió a ser un patrimonio del Plan.
Sofi debe tener 4 añitos y pidió para pasar. Acercó su carita de ángel al micrófono extendido y contó historias. No sólo una, sino dos y hasta tres. Ahí estábamos conmovidos ante ese ser pequeñito y luminoso que nos enseñaba a narrar, a gesticular y a no tener el más mínimo temor escénico.


Nos vamos, mientras los más grandes nos dicen que deberíamos leerles otro cuento. Nos vamos, dando vuelta a otra hoja de historias fascinantes que el Plan nos escribe.
La Capilla queda atrás, la charla sobre los encuentros futuros no nos hacen olvidar que Sofi quedó ahí, guardando el fuego sagrado de la narración oral, que heredó de sus antepasados. De esas mujeres o esos hombres que con habilidad hipnótica mantenían en vilo a quienes los escuchaban. Cuando la luz y el calor sólo provenían de estar en derredor a una fogata.

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